¿Por qué la deuda eterna?

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Hace tiempo que vengo rumiando aquel latiguillo que supone que el FMI prestó al gobierno de Mauricio Macri la mayor suma histórica a un país para “que ganara las elecciones”.

Como en una buena novela policial, hay puntas que no cierran en ese supuesto.

Si prestó y además toleró que se fugara gran parte del dinero y que eso se imputara al gobierno saliente, en realidad contribuyó a que Macri perdiera las elecciones y no lo contrario.

Si prestó en condiciones de repago que, aún si Macri ganaba las elecciones no se podían cumplir, se creó un escenario que a todas luces era desprolijo e imputable a esa operación.

Tengo otra tesis.

Creo que el FMI – y detrás de él la política exterior estadounidense – construyó un escenario de dependencia de la deuda externa que tuvo como punto de partida un hecho anterior inédito y sorprendente para su estrategia: la cancelación de la deuda que Néstor Kirchner definió en 2005, acompañando la iniciativa similar de Brasil de pocos días antes.

Esa decisión, que cualquier banquero debería interpretar como una señal de salud económica del deudor, el FMI la interpretó políticamente como lo que es: una búsqueda de soberanía financiera, económica y monetaria, que es contraria a su papel de mentor internacional de los intereses de las corporaciones internacionales.

El FMI no quería correr el riesgo de volver a sentar ese precedente en Argentina. En tal contexto, se diseño un préstamo que ganara quien ganara las elecciones, no se pudiera pagar.

Si ganaba Macri se consolidaría la fortaleza de leyes nocivas para el país, como la ley de inversiones extranjeras y la ley de entidades financieras, con la posibilidad de diseñar intervención adicional a voluntad, a partir de tamaña obligación y de la directa complicidad de la banda gobernante.

Si ganaba un gobierno con otro interés – como sucedió – le resultaría posible reordenar la deuda privada heredada – como fue – pero con el FMI, además de no poder cumplir el cronograma firmado, aparecería como única opción un programa de muy larga duración, de sometimiento a las normas del capital global, que ubica al país como reducto proveedores de materias primas, con escaso valor agregado.

En esa trampa estamos.

No estamos discutiendo intereses y plazos en realidad. Estamos siendo adoctrinados para que asumamos quien manda y quien es mandado, por una generación más, cómo mínimo.

A mi criterio, no queda otra que repetir el valioso gesto de Néstor Kirchner, adaptado a la situación presente.

Hay que pensar en grande y volver a asumir la tremenda importancia que representa sacarse el FMI y sus condicionamientos de encima.

Para ello habrá que apelar otra vez a reservas que seguro está vez no alcanzarán y buscar luego el apoyo de China, Rusia en menor medida y posibilidad, además de discutir hasta agotarse cual es la seducción y compensación que traería a manos del Estado la aplicación de 40.000 Millones de usd de residentes argentinos depositados en el exterior, para aplicarlos a echar a los usureros del templo.

Esa es la alquimia que debe desvelar a Martín Guzmán, en lugar de trajinar una y otra vez por oficinas de funcionarios que son mandatarios, no decisores, cuya misión es evitar que paguemos, más que cobrar.

10.7.21


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