Los Colorados: 70 almas riojanas que se resisten a perder su identidad

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Cuando se habla de desarrollo local se suele pensar en obras de infraestructura importantes, en proyectos de mediano y largo aliento, en presupuestos a pelear entre municipios y provincias. La realidad de los territorios suele estar alejada de esos pizarrones estratégicos, se resuelve con proyectos y estrategias, sí, pero muchas veces con menos inversión de lo que se piensa. Para los 70 pobladores de Los Colorados, en el árido sudeste riojano, el desarrollo local son 12 viviendas, una sala de primeros auxilios y la refacción de algunas casas históricas hechas con durmientes de las vías de un ferrocarril que hace 30 años es un fantasma que anda por vías semienterradas por el suelo arenoso.

Son pequeñas necesidades que podrían resolverse con un presupuesto exiguo: 12 viviendas dignas, una sala de primeros auxilios que ya tendría enfermera, las refacciones que permitan montar un museo que recuerde esa vida dura y áspera, no muy distinta de la que viven hoy las familias que quieren que su pueblo no desaparezca, que quieren desarrollar su pequeño sitio en el mundo para preservar su identidad.

“No nos queremos ir del pueblo, queremos hacerlo crecer para generar trabajo”, explica Natalia Perafan, la concejal electa por su pueblo, la impulsora de la “Cooperativa de servicios turísticos Chacho”, la enfermera diplomada que quiere organizar la sala, la que ayudó a traer al pueblo la luz eléctrica y el reservorio de agua que les permite a los vecinos cultivar sus propias huertas.

Es la voz de esa comunidad que nació con el ferrocarril a principios del siglo XX y que se niega a tener el destino de las formaciones que ya no visitan esa estación del Ramal A3, del Ferrocarril Belgrano.Ese paraje riojano forma parte de una reserva que fue declarada patrimonio arqueológico y cultural por el gobierno de La Rioja en 2015.

A pocos kilómetros de Los Colorados está la “Cueva del Chacho”, el mirador que servía de refugio el caudillo Ángel Vicente Peñaloza durante las luchas de unitarios y federales en el siglo XIX. También tiene petroglifos, figuras talladas en grandes bloques de piedra rojapor los capayanes, la primera cultura que habitó la zona.

“Acá la principal actividad es la cría de cabras, hay también algo de ganado bovino, pero las cabras son las que mejor se adaptan a lugares como el nuestro, porque la tierra es muy seca y la poca vegetación que crece es espinosa”, comenta Natalia. La comunidad de Los Colorados parece mimetizarse con ese espíritu de resistencia caprino. Además de crías cabras, desde 2012 han desarrollado una experiencia cooperativa destinada al turismo que suele visitar la zona atraído por la reserva natural, que es conocida como el “Mini Talampaya”, por su geografía similar al Parque Nacional ubicado a 150 kilómetros de distancia.

La cooperativa reúne a 12 de los 70 integrantes de la comunidad. Ofrecen servicios de guía, cabalgata y comidas. “Buscamos opciones para mejorar la calidad de vida. Hicimos cursos de calefones solares y presentamos un proyecto que aprobaron, hicimos seis calefones y nos faltan dos. Somos los primeros en la provincia que sabemos hacer e instalar los calefones, es otro logro de la cooperativa”, comenta con orgullo Natalia.

Planean acondicionar la vieja estación de ferrocarril como Museo y ofrecer un hospedaje. Pero la pandemia ha paralizado esa actividad. “No hay venta de nada porque nadie entra, no vienen turistas. Hemos recibido subsidios y ayuda de los gobiernos, pero no nos alcanza”, sostiene Natalia.

Pero nadie baja los brazos en Los Colorados. Mientras esperan que pasen las dificultades pandémicas, buscan la forma de financiar la construcción de 12 viviendas para que reemplacen las viejas casas realizadas con durmientes y barro que se construyeron cuando llegó el ferrocarril a la zona. Son casas pintorescas, que sorprenden a los visitantes, pero para sus habitantes son peligrosos focos de enfermedades porque las precarias construcciones atraen a insectos como la vinchuca.

La burocracia del censo oficial tiene a los pobladores de Los Colorados catalogados como “población rural dispersa”. La paradoja es que es una pequeña población concentrada en cubrir sus necesidades comunitariamente, que busca mantener su identidad común mediante el trabajo digno, que sintetizan la idea del arraigo sin necesidad de mencionar esa palabra de moda entre la dirigencia política ¿Será tan difícil que lo consigan?

Eduardo Blanco. 20.09.2020


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