Enrique Martínez: “Las pymes que están al borde del cierre pueden construir nuevos escenarios en la economía popular”

PYME

Les presentamos aquí la columna de Enrique Martínez, Coordinador del IPP, del martes 2 de julio, del programa Lo peor ya pasó, de Martín Granovsky y Félix Crous, por AM Somos Radio.

La economía social aparece porque el capitalismo global va tirando gente por la ventana. Tiene un sistema, una lógica permanente de exclusión.  Entonces, una significativa porción de la población, cada vez más grande, tiene que apelar a los medios de subsistencia más imaginativos y, al mismo tiempo, más inimaginados por quienes están fuera de esa realidad.

Cuando esa situación social se da, aparece el cartonero, la persona que vive en la calle, el que se la rebusca como puede. Ese es el sector que todos identifican con la economía social. Pero no son los únicos excluidos, porque después están los que se integraron más a la economía y están siendo echados, o los empresarios pymes, que están al borde del cierre o apelando a situaciones que antes no contemplaban. Ellos también se convierten conceptualmente en excluidos, porque están a un paso de fundirse.

Todo esto forma parte de exclusión en un diverso grado de gravedad. Es claro que el cartonero o quien vive en la calle son los casos más agudos, pero todos los demás casos son indeseables para el capitalismo concentrado.

El concepto “economía popular” fue acuñado por las organizaciones sociales que representan a los más perjudicados. Sin embargo, hay muchos sectores que tampoco entran y están viendo qué hacer, porque en el capitalismo concentrado no tienen lugar. La economía popular agrupa a aquellos que dentro del capitalismo tradicional son los derrotados.

La gran discusión, apasionante y no resuelta, es cómo se sale. Hay dos grandes líneas en la economía popular. Hay gente que intenta recuperar el espacio que perdió. En esos casos, si ya lo expulsaron y está en condiciones de extrema debilidad, es muy probable que lo vuelvan a expulsar. Es como el que intenta subir por la ventana de un edificio y permanentemente le pisan la mano para que vuelva a caerse, si tiene suerte habrá un toldo que lo ataje, pero es difícil que pueda recuperar el lugar que ocupaba antes.

Los otros, que tenemos una teoría en desarrollo, de la cual el IPP forma parte activa de la construcción de esa teoría práctica, somos los que pensamos que el protagonismo nos debería llevar a construir soluciones distintas.

Los dos caminos

Si peleamos porque un cartonero reciba un sueldo de CABA, como sucedió hace algunos años, estamos peleando por la reinserción. Eso es contener al excluido. Porque ese sueldo resulta insuficiente, no cubre las necesidades básicas, no lo cobran todos los cartoneros sino un grupo. Es un parche. Valioso en la emergencia, pero que solo sirve de contención.

Si, en cambio, alguien diseña un mecanismo por el cual el cartonero forma parte de una cooperativa que dispone de algunos medios para juntar los materiales reciclables, los clasifica y participa de procesos de valor agregado, ahí el cartonero es un sujeto que no necesita mirar el futuro dentro de la asistencia social. Es un hombre que tiene que capacitarse, aprender, que el Estado le provea algunos equipos y un capital, pero tiene un proyecto, hay un futuro.

No es casual que el gobierno porteño les dé un sueldo a los cartoneros y les quite el material reciclable con el que podrían mejorar su situación. Eso queda para el grupo concentrado casi monopólico que maneja los residuos en la ciudad. Entonces, el cartonero queda como sujeto de la asistencia social.

Las pymes y la economía popular

El caso de las pymes es bastante menos usual que el del cartonero, pero tiene la misma condición ¿Qué espera hoy un empresario pyme? Espera que le bajen la tasa de interés, que le saquen algunos impuestos, que puedan ocupar un lugar relativo de cierta rentabilidad haciendo lo que estaban haciendo. Un empresario de indumentaria, hace las cuentas, evalúa las carga de impuestos que tiene, produce la indumentaria y en los shoppings- que en Buenos Aires responden a una única organización- le recargan el precio de una manera espectacular, porque consideran que eso es parte del negocio.

A ese empresario que tiene esa carga y muchas veces tiene que trabajar en negro porque no hay otra manera de que le cierren las cuentas, no se le ocurre agruparse con otros empresarios que están en su misma condición y armar una feria a cielo abierto para vender su ropa, con adecuada promoción, sacándose de encima al shopping, a los márgenes comerciales finales.

Es mucho más cómodo el circuito convencional porque hacer eso fuera de la fábrica lo obliga a ponerse de acuerdo con otros de modo que nadie se saque ventajas, que es una lógica empresarial. Después, si se ponen de acuerdo, tienen que organizar una estructura de atención de ventas, que no es el metier de los fabricantes y que le cuesta aprender. Esa es la lógica del empresario, por eso prefieren soñar con el momento en que gran parte de la gente tenía plata y todo el costo iba al precio final porque la gente lo pagaba igual.

Esos buenos momentos son típicos de muchos bienes de consumo en una economía como la argentina y entonces cuesta convencer a los empresarios de que su protagonismo no pasa por la melancolía y la nostalgia por el tiempo en que el consumidor pagaba cualquier precio. Lograr eso es un hecho político, que me duele que no esté en las plataformas electorales. Sería bueno que las plataformas no sean tan prometedoras en términos de bienestar sino también en términos de comportamientos.

El problema que tiene la Argentina con los excluidos -que lo tiene el capitalismo global- es que el excluido sueña con la situación que tenía antes de ser excluido, y probablemente esa situación sea inviable. La única solución sería modificar la relación con los modos de producción, la relación con el consumidor, los vínculos entre empresarios; en definitiva, armar otro tejido comunitario en que el lucro no sea el objetivo, si no que la ganancia sea una consecuencia de atender las necesidades de la comunidad. Eso es una sociedad distinta.

Lo distinto, es posible

Hay mucha gente que piensa así en otras sociedades. No sé por qué nosotros nos resistimos a pensar que el destino es ser empleado de un patrón, que si le va mal nos echa sin explicaciones, o patrones con el derecho de disponer de la vida de la gente, según lo consideren conveniente.

Las cooperativas de empresas recuperadas que han tenido éxito, que son pocas porque no hubo apoyo del kirchnerismo ni mucho menos del gobierno de Macri, muestran que se puede brindar un servicio y, a la vez, crecer colectivamente.

Es el caso de la Cooperativa de la Ciudad, que produce la muzzarela Séptimo Varón. Es un grupo desprendido de la cooperativa del Hotel Bauen que no sabía sobre el tema, pero que se asesoró, se capacitó y en un año abrió cinco locales. La pelea en términos financieros como cualquier pyme sin recursos, pero lo que tiene es una actitud distinta respecto de los consumidores a los que les prestan un servicio. Los compañeros están descubriendo que por ese camino, no tienen techo.

Saben que primero van a ser elegidos por su calidad. A continuación, saben cuál es el margen de ganancia que tienen que tener para conseguir una vida digna y acotan su vocación de ganancia al entender que si tuvieran oportunidad de ir con los precios más arriba, estarían despojando al consumidor. Esto es un poco aventurado porque, en realidad, las empresas toman el precio, no lo forman porque el precio lo determinan las grandes corporaciones.

Entre meterse en la timba que nos proponen, donde siempre gana el banquero o construir nuevos escenarios posibles, donde se tenga una expectativa de sustentabilidad mayor, vale más la pena buscar el segundo camino. Aunque no esté la teoría, aunque sea más laborioso, aunque haya zonas oscuras. También se debe respetar a quienes recorran el primero, tiene todo el derecho porque la situación desesperada no debe ser criticada, pero los que tenemos la posibilidad de pensar con otros tiempos, deberíamos trabajar para construir escenarios nuevos.

Comentarios

  • Hola Enrique: hay un impuesto oculto en todo producto que son los intereses que se pagan a los bancos. Ese impuesto oculto lo pagan los consumidores. Antes me preguntaba porqué las empresas que tienen capital financiero, piden préstamos….. encontré la respuesta en que el capital y los intereses los paga la base de trabajadores y clase media….. y supongo que los empresarios dirán “si ellos no lo pagan quebramos y listo”. En conclusión una cooperativa que funcione bien al no requerir préstamos de los bancos puede producir a menor costo que una empresa privada.



Dejá un comentario

Tu dirección de correo no será publicada. (Campos obligatorios *)


You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>