Cómo crear trabajo, más allá de la inflación y la balanza de pagos

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La producción popular es posible. Hay que ayudar a ordenar y no poner en la misma estantería a todas las cuestiones económicas. Hay dos problemas macroeconómicos: el manejo de las divisas y la inflación. Son las restricciones, el techo que se puede caer por el lado de la inflación o de la balanza de pagos.  Son cuestiones que hay que tratar, pero lo que nos interesa es que aumente el trabajo digno en toda la población. La pregunta a los economistas es si se pueden ocupar de crear trabajo sin ocuparse de la inflación y la balanza de pagos. La respuesta inmediata es que son dos cuestiones de las que hay que ocuparse.

Pero por fuera de esos temas macroeconómicos hay una necesidad de crear trabajo digno y diseminar esas posibilidades de trabajo por todo el país. Ese trabajo debe estar orientado a la participación popular en la producción de bienes de consumo.

Pongo un ejemplo: la provincia de Formosa tiene una dificultad muy grande porque tiene poca población, distribuida en un territorio con mala infraestructura. Durante el gobierno de Néstor Kirchner se empezó a crear infraestructura. Tenía malos caminos y una situación muy complicada.

Sin embargo, quisieron avanzar con la industria de la indumentaria. Llevaron capacitadores, pensaron cómo hacer una industria concentrada, identificaron a los que sabían arreglar ropa, en todos los pueblos hay costureras que se dedican a reparar la ropa de sus vecinos.  Intentaron convencerlas de que se fueran a Formosa a participar de una industria concentrada. Fue un fracaso, porque nadie quería irse de su pueblo y, además, si se iban perdían el trabajo que ya tenían.

En consecuencia, organizaron una central de diseño, una de corte y una flotilla muy elemental de vehículos que les llevan la ropa cortada a las costureras, que terminan la ropa sin mudarse de su pueblo. Así consiguieron hacer todos los guardapolvos de Formosa. Y luego avanzaron hacia los uniformes de la policía provincial.

Es un ejemplo en el que aparece la plata del Estado y la inteligencia organizativa donde el Estado no crea una burocracia sobre otra sino que aprovecha la capacidad de trabajo de la gente.

Como contrapartida, el plan nacional de guardapolvos del Ministerio de Desarrollo Social por la misma época tenía como objetivo producir un millón de guardapolvos y sólo consiguió que se hicieran 100 mil. Luego mejoraron ese proyecto gracias a aportes como los de la organización de Milagro Sala en Jujuy, que hacía todos los guardapolvos de Jujuy porque se rebeló al sistema que habían ideado de Buenos Aires y en lugar de hacer los guardapolvos en Jujuy para reeenviarlos a Buenos Aires, decidió hacer los guardapolvos de su provincia.

Hubo decenas de talleres en todo el país que hicieron guardapolvos y que estaban en camino de hacer indumentaria para los sectores populares. Eso se desactivó por completo. Del mismo modo que el plan de viviendas de madera que  se hizo en Misiones al comienzo de la recuperación de la democracia y los módulos de desarrollo local hortícola. Esos planes necesitan años de desarrollo y decisión de hacerlos.

Un punto central es distribuir el trabajo. Hay que distribuir la producción hortícola, la producción de casas de madera. Hoy el Ministerio de Desarrollo Social sigue repartiendo guardapolvos, pero se los compra a tres o cuatro con licitación y concentra la producción. Cuando se distribuye el trabajo, aumenta la ocupación porque hay factores como la cercanía, la eliminación de segmentos parasitarios de la cadena de producción y la construcción de riqueza local, que mejoran las posibilidades de trabajo en esa zona.

Eso en cuanto a la distribución, pero hay otras cosas que se pueden hacer de inmediato, que son creación pura de fuentes de trabajo. Por ejemplo, el 50 por ciento del país no tiene cloacas. Una solución es la que desarrollaron los japoneses, que podríamos llamar la “cloaca local”. El tratamiento de efluentes a escala domiciliaria, de un barrio, que la gente del IPP está impulsando.

Una persona se puso a estudiar el sistema. Primero lo analizó con la información de internet, luego ocupó sus vacaciones y se gastó plata que no tenía para ir a Japón y ver cómo hacían ellos las cosas. Volvieron y ya se desarrolló un módulo experimental en un pueblo que se llama Labordeboy, en Santa Fe,  y están a medio hacer otras dos experiencias en Gualeguaychú.

Se adaptó el sistema japonés, que usa un artefacto de plástico que entierran, con una producción de mampostería con trabajo local. El sistema permite que el efluente cloacal termine como un fluido que se usa para regar porque está en condiciones ambientales adecuadas mediante una ventilación forzada en el llamado pozo negro.  Eso es creación de trabajo y podría hacerse por centenares de miles en la Argentina, con una financiación oficial que permitiera a la gente tener su cloaca con sus vecinos por 30 o 40 mil pesos, que es el costo actual del sistema. Sería un cambio estructural generador de trabajo.

Lo mismo sucede con la energía fotovoltaica. Poner paneles solares en las casas de los pobres o de la clase media, financiados como los chinos, que los financian a 20 años. Le permiten a la gente recuperar el gasto en diez años. En California, la reglamentación de construcción decidió que a partir de 2020 no se aprueba ninguna construcción civil que no se abastezca con energía solar. Eso se decidió hace cinco años, en esos cinco años se capacitó a la gente, creció la cantidad de gente que lo puso en su casa para ver cómo funciona por más que no esté dentro de las exigencias de la ley.

En la Argentina, sabemos lo que pasó. Se generaron negocios para las grandes corporaciones que hacen parques solares, que son útiles y valiosos, pero  son grandes negocios capitalistas que no contempla la actividad distribuida de servicio a la gente. En los Estados Unidos, que miden todo, han calculado que hay centenares de miles de puestos de trabajo que se pueden generar a partir de las energías renovables.

Esto puede pasar con la balanza de pagos resuelta, o no. Con la inflación resuelta, o no. Un Gobierno sabe que tiene que resolver esas cuestiones, pero mientras tanto la gente logra mejorar su calidad de vida.

No se trata de cambiar la estructura de la siderurgia ni de la  minería a partir de la 11 de diciembre. Se trata de mirar lo que hacen otros países, en la escala adecuada y mirar lo que la gente nuestra necesita.

Hay muchísimo por hacer. Yo visité una escuela en El Impenetrable a la que se le había roto el molino hacía tres años y como nadie lo arreglaba, habían ideado que los chicos vayan al baño al este y las chicas al oeste, en medio del monte. Ahí se debe reponer el molino, agregarle un molino eólico, construir dos baños y eso, además de generar energía eléctrica, ocupa mano de obra local.

No se trata de hacer un plan de media docena de proyecto. No se trata de Vaca Muerta. Hay que pensar en centenares de proyectos diseminados en cada pueblo y en cada rincón.

Yo tengo que acompañar a gente del INTA que va a dar un seminario inicial para formar hilanderas artesanales en un municipio como Tapalqué, que produce  150 toneladas de lana por año y no fabrica un solo pullover.

La idea es que la capacitación sirva para proveer a los sectores populares asociados a los programas del IPP y aprovechar las cadenas de distribución que ya tenemos para que esa ropa pueda comercializarse. Con el agregado de que si la demanda crece, se puedan capacitar otras tejedoras en la provincia de Buenos Aires con esos hilados y generar más trabajo.

Esa producción no compite con los importados chinos porque la producción de hilados artesanales es valorada de manera tal que tiene un margen de precio positivo absolutamente interesante. Quien se organiza para vender esos productos artesanales los puede vender, el cuello de botella es la comercialización. No es encontrar un local en Barrio Norte sino integrarse en una cadena donde se pueden ofrecer prendas ecológicas que mejorarían más el precio. Gente que aspira a que su familia no use prendas que no sean ecológicas es un mercado que crece.

Columna de Enrique Martínez, Coordinador del IPP, del programa Lo Peor ya pasó, del martes 16 de julio, en Somos Radio.

 


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