TODOS COMEN: Consumo Popular Organizado

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La intervención en las redes de producción, distribución y consumo de bienes básicos, reduciendo al mínimo o lisa y llanamente eliminando la idea de “negocio”, para reemplazarla por “atención de necesidades comunitarias”, es una acción potente, que tiene numerosas implicancias sociales y puede ser ejecutada de varias maneras diferentes.
Después de años de acumulación de información, seguida de reflexiones sobre el funcionamiento concreto y actual de varios subsistemas, elegimos la alimentación como primer escenario en el que tomar iniciativas, que eventualmente luego podrán ser replicadas en otros espacios.

La caracterización general, con sus matices, es que tanto los consumidores como los productores más pequeños se ven perjudicados seriamente por los siguientes factores:

  • Concentración enorme del comercio minorista, en que hoy un pequeño grupo de cadenas de hipermercados decide qué marcas vende y cuánto y cómo paga a los proveedores.
  • Sucesión de pasos de intermediación donde tanto los alimentos industrializados como los frescos pasan por varias manos desde el productor hasta el consumidor final, en varios casos sin función concreta más que tener un beneficio comprando barato y vendiendo a mayor precio.
  • Bloqueo del acceso a los consumidores para los productores familiares o pequeños, en general, de cualquier alimento, fresco o industrializado. En el caso de los alimentos frescos, el productor es chantajeado por intermediarios, vendiendo por debajo de su costo de producción, ante el riesgo permanente de perder lo producido. En los alimentos industrializados, el efecto de la intermediación es la reducida capacidad de reinversión para mejorar la tecnología o la logística, con un retroceso sistemático en la presencia en el mercado, con un destino inexorable de trabajar sin marca o desaparecer.

Lo descrito no es novedad. Tampoco son novedad las políticas públicas elegidas para remediar esta situación.
Los gobiernos de derecha dan vía libre a la evolución del capitalismo concentrado y la refuerzan con beneficios para los ganadores. No vale la pena extenderse en esto por obvio.
Los gobiernos con vocación popular han apelado a la regulación y los controles, como elementos centrales, con algunos complementos de negociaciones voluntarias con las empresas controlantes.
Las listas de precios cuidados son ejemplo de esto último. La suspensión de exportaciones de harinas o lácteos, para aumentar la oferta en el mercado interno, son ejemplo de lo segundo.
Los efectos de unas y otras decisiones son paradojales y en parte contradictorios con sus objetivos.
Los “precios cuidados”, de marcas que controlan su sector, contribuyen a bajar el costo para los consumidores, pero a la vez consolidan el control por parte de esos grupos empresarios, que finalmente aumentan la rentabilidad global a través de los precios de aquello que venden por fuera de esas canastas.
La suspensión de exportaciones crea un exceso de oferta en el mercado interno que es aprovechado por las empresas líderes, con mejor espalda financiera o mayor marketing, para tomar segmentos de mercado local atendidos por empresas más pequeñas. Asimismo, desbarata los esfuerzos exportadores de consorcios pyme, dejando ese espacio a disposición de un reducido grupo de empresas. Resultado: Más concentración en lugar de menos.
Los resultados de compras comunitarias en los mercados de concentración, con variadas formas, ha sido la reacción popular típica frente a la inflación en alimentos. Esto tiene a su vez resultados muy parciales para el consumidor, que se ve confrontado con calidades rotundamente cuestionables y resultados negativos para los productores primarios, que una vez más quedan bloqueados por organizaciones de intermediarios, las que ocupan cada lugar de vinculación con los consumidores finales.

Nuestra conclusión conceptual se resume así:

No hay solución permanente ni seria si no se cuestiona el sistema en su conjunto, cuya inercia es la que nos lleva al perjuicio simultáneo de productores pequeños y de consumidores. Cambiar el sistema implica:

  • Los consumidores deben buscar ser abastecidos por productores populares, término genérico que engloba a quienes trabajan buscando una subsistencia digna y no un negocio.
  • Los productores populares deben participar en formas de llegada nuevas a los consumidores, dejando de lado conductas mayormente defensivas a las que los obliga el sistema hoy vigente.
  • Deben desarrollarse escenarios de distribución y comercialización que no se asuman como negocio sino como servicio, que busquen ser útiles tanto a los productores populares como a los consumidores.

Con una idea fuerza no negociable:

Lo antedicho no puede ser concretado por partes. Cada escenario será diferente a lo vigente hoy, atenderá necesidades comunitarias a satisfacción simultánea de los consumidores y de los productores.

LOS CAMINOS Y LOS MODOS

Ninguna transformación se hace parando el mundo y reemplazando la realidad presente por otra deducida de una teoría. En verdad, cualquier propuesta transformadora que desconozca o haya hecho un diagnóstico equivocado del punto de partida, irá inexorablemente al fracaso.
Admitido eso, entendamos que lo más evidente es la necesidad de agrupar físicamente la oferta mayorista de la producción popular, en espacios con identidad, dentro de las ciudades, de toda dimensión. Una organización social central (OSC) debe asumir esta tarea en cada lugar y tejer los acuerdos necesarios con productores de la agricultura familiar, cooperativas, movimientos campesinos, así como industrias artesanales o pequeñas, que comprendan que la concentración física de la oferta es un primer paso esencial para implementar un escenario nuevo, que pueda beneficiar a productores y consumidores, como ya se señaló.

A continuación, es necesario fijar los criterios de distribución y comercialización para llegar con esa oferta popular a los consumidores. De ninguna manera deberíamos estar conformes con aumentar la visibilidad de la oferta y a partir de allí dejarla librada a las reglas hoy vigentes en el mercado. El modo de evitar esto es acordar con los productores que todo sistema que llegue desde el espacio mayorista a los consumidores debe comprometerse a que la relación de precio al consumidor (PC)/ precio del producto en el mercado de concentración (PMC) no puede superar la relación 1,2/1. O sea: los costos de distribución y comercialización no puede superar el 20% del valor del producto.

Esta muy dura condición deja fuera a los actores tradicionales, que compran y venden alimentos como negocio, especulando con los márgenes que pueden agregar, según sea su capacidad de acopiar o de controlar espacios del mercado. (TB la estacionalidad)
La pregunta a responder es: ¿hay otros actores sociales que pueden cumplir con una restricción tan concreta? La experiencia muestra que sí. Se necesita la participación social, de diversas maneras que se expondrán, a partir de entender que se brinda un servicio, concepto diferente de hacer un negocio.
Las variantes son amplias.

1 – La más directa es la generación de Grupos de Consumo Popular Organizado (CPO), compuestos por familias con máxima proximidad física, por vivir en la misma calle y cuadra o en el mismo edificio. Tales grupos, utilizando las redes sociales hoy ampliamente difundidas, pueden armar sus pedidos colectivos y una vez superado un piso mínimo (hoy puede ser 10.000 $), hacer su pedido a la OSC, quien puede enviarlo al coordinador del grupo y recibir el pago por transferencia en 72 horas. En este escenario no cabe ninguna duda que se puede cumplir con la restricción de incremento mínimo del costo por la distribución y la comercialización.

Simple, eficaz y de inmediata implementación, a partir del momento que un coordinador de CPO, comunique a la OSC su existencia y la voluntad de comenzar a trabajar.

Esta opción está disponible al momento en CABA, pero puede replicarse en otros ámbitos en tanto haya voluntad social de hacerlo por parte de organizaciones que articulen con Todos Comen.

2 – Una segunda forma es la creación de Almacenes Populares (AP), en que un grupo de vecinos de un barrio del conurbano bonaerense o aún más lejos de CABA, se organizan para recibir los productos y entregarlos, manteniendo los precios máximos de suministro establecidos. Se usa el término Almacén, porque a diferencia del CPO, se cuenta con un stock de mercadería, que se va entregando en función de la demanda y se repone periódicamente. La viabilidad de estos AP, al presente, se fortalece por la posibilidad de otorgar un microcrédito para financiar el capital de trabajo (stock inicial), a interés prácticamente cero.

3 – Una tercera forma es abastecer a organizaciones sociales y políticas que dentro de su práctica de trabajo, mantienen merenderos o comedores o simples distribuciones de alimentos. Es claro que aquí es perfectamente posible entregar los productos con la condición de respetar los precios al consumidor establecidos e incluso establecer protocolos de funcionamiento que sean específicos para cada organización que se vincule.

4 – Un cuarto camino implica una ampliación del rol de empresas productivas de bienes o de servicios de cualquier naturaleza. Más allá de su objetivo original en la economía capitalista, que se concentra en ampliar el patrimonio de quienes aportan el capital necesario, está claro ya hace varios siglos que toda empresa tiene una función social implícita, que es mejorar la calidad de vida de todos sus componentes, desde el dueño del capital hasta el último y más modesto de los trabajadores.

En tal función, es evidente que una empresa no solo sirve de punto de concentración de la demanda de todos sus integrantes, sino que además no tiene razón ni motivo para obtener un beneficio adicional por servir de canal de entrega de los alimentos que soliciten. Puede facilitar el acceso a productos buenos y baratos a su gente, sin casi ningún esfuerzo especial, a través de un convenio operativo con la OSC de su localidad.

5 – Del mismo modo que el caso anterior, los ámbitos universitarios se constituyen con facilidad en escenarios de concentración de la demanda de alimentos, cuya entrega a consumidores pueden hacer con esquemas organizativos simples, obviamente sin fines de lucro y por lo tanto cumpliendo con los precios máximos que se pretenden.

6 – Finalmente están los ámbitos municipales. Los municipios tienen dos universos en los que pueden intervenir en forma directa, relacionados con la alimentación.

El primero es la tarea de acción social, donde la práctica habitual es la distribución de bolsones de alimentos a los sectores más humildes.
El segundo es su rol como pseudo empresas, porque tienen centenares o hasta miles de empleados municipales directos, además de influencia local sobre colectivos laborales públicos en tareas docentes, sanitarias, de seguridad, de distribución eléctrica y otras.
En los dos planos los municipios pueden ser miembros de Todos Comen y el Consumo Popular Organizado.

En el caso de los bolsones pueden asegurarse que su composición se define con costos mínimos posibles, pero sin resentir la calidad, como sucede actualmente cuando se realizan concursos de precios entre los comerciantes locales para las respectivas provisiones. Para eso, pueden asegurarse de definir una canasta de oferta de producción popular a la que se fija precio final, con los criterios ya comentados, formalizando acuerdos con los comercios locales para que distribuyan las mercaderías.
Con referencia a los empleados municipales, con procedimientos fácilmente ampliables a los restantes servidores públicos, pueden adoptar los mismos conceptos de una empresa privada ya comentados, con las adaptaciones menores que sean necesarias por la diferencia de ámbito de trabajo.

Como se ve, se trata de 6 caminos simples e inobjetables para llevar a las manos de consumidores bienes alimenticios de la producción popular, con márgenes suficientemente pequeños de incremento de costos respecto de la disponibilidad mayorista, como para asegurarse que se consiguen reducciones muy apreciables de precios finales, a la vez que se garantiza y dignifica el ingreso de los pequeños productores.
Esto ya está en buena medida en marcha y los pocos espacios donde todavía no se comenzó es porque se está ajustando la actitud y disponibilidad de los actores.
Nada impide que multipliquemos la iniciativa salvo nuestros propios posibles errores o falta de convicción. Esto último, sin justificación a la vista.
TODOS COMEN
CONSUMO POPULAR ORGANIZADO
Un programa del Instituto para la Producción Popular (IPP)
16.1.19

 


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