IPP_grupo

El Instituto para la Producción Popular del Movimiento Evita (IPP) es el brazo ejecutor de la Asociación Civil Construcción Colectiva. Nace para ayudar a ampliar la mirada sobre la solución de los problemas que afectan a millones de compatriotas dedicados a las actividades de la producción popular ya sea por propia iniciativa o en grupos, ubicados en los extremos más explotados de las cadenas de valor y que han perdido el acceso a un salario digno y no obtienen los derechos laborales básicos.

En cada caso, el IPP buscará vincular la actividad de los compañeros con una necesidad social concreta. A su vez, procurará explorar proyectos que requieran capacidades lo más similares posibles a las que los compañeros ya disponen y complementariamente, precisar cuales son los conocimientos que se deben agregar.

El Instituto para la Producción Popular es coordinado por el ingeniero Enrique Mario Martínez, ex Presidente del  Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

Plan Estratégico del Instituto para la Producción Popular

El Instituto Para la Producción Popular (IPP) trabaja sobre la idea de satisfacer las Demandas Socialmente Necesarias (DSN), vale decir, los bienes y servicios requeridos para que todos los habitantes tengan acceso a una vida digna. Con este fin, el IPP se dedica inicialmente a cinco áreas de DSN, que no son las únicas posibles, sino las que están más a nuestro alcance, para producir resultados tangibles y rápidos. En cada caso, es importante reiterar y reforzar nuestra meta:

  • Identificar y formular proyectos que puedan ser implementados por organizaciones cooperativas de trabajadores que reciban la capacitación adecuada, o por otras formas de  organización que no impliquen postergar o subalternar la dignidad del trabajador.
  • Acompañar a las organizaciones en la interpelación a los ámbitos del sector público o privado que sean pertinentes para conseguir los recursos o los cambios de normativa que se requieran asistir o conseguir asistencia técnica para cada caso, hasta que el emprendimiento se haya puesto en marcha estable.
Las áreas
  1. PROPVIS: Producción popular de vivienda e infraestructura social

    Hemos dividido el área en cinco subáreas:

    • Vivienda social
    • Servicios domiciliarios: Agua/ Gas/ Electricidad
    • Mobiliario de vivienda social
    • Tratamiento de efluentes domésticos
    • Áreas comunitarias.

    En todos los casos se procurará armar los paquetes tecnológicos que puedan luego ser ejecutados por cooperativas que cuenten con el equipamiento adecuado y la formación correspondiente. Hay dos aclaraciones de alta importancia. Para la vivienda social se buscará definir modelos cuya característica constructiva permita que una empresa haga los cimientos y una estructura base, quedando a cargo del futuro habitante el resto de la construcción, concebida como un mecano relativamente simple. Las viviendas cuya estructura portante se compone de perfiles de acero en lugar de columnas de hormigón son especialmente adecuadas para aplicar esta idea. En cuanto al tratamiento de efluentes cloacales, es de destacar que subsiste como un gran problema en el país, por las importantes inversiones necesarias para las plantas de tratamiento que hasta ahora se han concebido. El trabajo del Instituto buscará verificar la importancia de otro concepto, desarrollado en gran escala al menos en Japón, donde se utilizan plantas simples, de baja inversión, para la población que vive hasta en una manzana. También allí se hacen estándar los que aquí llamamos pozos ciegos, para vivienda unifamiliar. Si se contara con una solución técnica sólida en este plano se dispondría de una fuente de trabajo muy importante para cooperativas de servicios públicos, que además generarían un gran ahorro de inversión estatal.

     

  2. CUIPA: Cuidado popular del ambiente

    Esta área preparará proyectos sobre la base que quienes los lleven adelante habrán recibido la responsabilidad pública de mejorar el ambiente. Se debe dar un salto cualitativo sustancial desde la actual situación social en que los trabajadores más humildes que se dedican a tareas vinculadas con el ambiente son algo así como “excluidos tolerados”. Los recuperadores de residuos urbanos reciclables; quienes limpian las riberas y los cauces de arroyos con influencia urbana; por mencionar solo dos ejemplos, han sido encasillados como un fruto de la pobreza y la marginalidad, que los lleva a realizar esos trabajos no deseados. En realidad, esas actividades surgieron empujadas por la falta de opciones laborales (los recuperadores) o comprendidas en planes de asistencia social (las tareas de obras públicas menores) y luego, más de una década de implementación sirve para mostrar que hay dos propuestas en conflicto:

    • Considerar al ambiente como un escenario de negocios privados, equivalente a tantos otros mercados.
    • Considerar el cuidado del ambiente como una tarea de responsabilidad comunitaria, que comprende en un mismo universo, como dos caras de la misma moneda, a quienes son el origen de los efectos negativos y a otros grupos, quienes se encargan de la responsabilidad de prevenir, remediar, reciclar, para asegurar el bienestar general.

    Es en esencia el mismo conflicto que hay entre la educación pública y la educación como fuente de lucro; la salud pública y la medicina privada; los ferrocarriles concesionados o administrados por el Estado. Simplemente, tenemos un enorme atraso en reconocer a un sector público de cuidado del ambiente, que sea diferente de la tercerización actual, donde la dinámica del capitalismo lleva a contratos enormes con empresas que ante todo quieren ganar dinero y en esa secuencia inexorablemente producen resultados que no alcanzan lo que la sociedad necesita. El plan del IPP explorará todas las opciones para que cooperativas de trabajadores se incorporen formalmente como componentes de un sistema de cuidado popular del ambiente. Aspiramos a que las ofertas de solución contengan de manera creciente a este tipo de organizaciones y a que las demandas surjan en alta proporción de ámbitos de la comunidad, sin necesidad de estructuras administrativas centralizadas, como necesariamente se debe imaginar para el transporte, por ejemplo. Los problemas ambientales constituyen un ámbito donde las redes de vinculación entre quienes tienen los problemas y quienes los deben resolver adquieren máximo sentido. Si nuestra labor es exitosa, se definirán tareas donde las cooperativas de servicios públicos y las cooperativas de recuperadores sean parte de un sistema respetado y promovido por la comunidad, sin ninguna faceta asistencial o de explotación presentes. Trabajaremos inicialmente en cinco subáreas:

    • Recuperación primaria de residuos reciclables.
    • Reciclado de vidrio, madera, plásticos y papel.
    • Reciclado de material electrónico.
    • Efluentes urbanos y cauces menores.
    • Prevención de inundaciones.
  3. PROPE: Producción popular de energía

    La energía es un insumo necesario para la vida comunitaria, pero nunca ha sido considerada un tema en el que participa el consumidor, salvo en situaciones de aislamiento. Sin embargo, desde hace varias décadas se discute en todo el mundo cómo maximizar la aplicación de nuevas tecnologías, en sistemas donde tanto la generación como el uso de la energía participan a escala doméstica o de pequeños grupos comunitarios. El uso del sol, del viento o de residuos de madera u otros materiales que resulta práctico incinerar, ha ido transformando la manera en que satisfacemos las necesidades de energía. EL IPP se aplicará al diseño de proyectos que permitan que cada compatriota pueda pensar en generar toda o parte de la energía que consume, volcando los excedentes que pudiera producir a la red pública. Esos proyectos preverán la generación doméstica o en pequeñas plantas cooperativas, así como la instalación y el mantenimiento de los equipos a cargo de organizaciones populares. Los sectores a considerar, inicialmente, son:

    • Uso de los residuos de madera.
    • Energía eléctrica de origen eólico en pequeña escala.
    • Energía eléctrica de origen solar en pequeña escala.
    • Calefones solares.

    Parte de la tarea será aplicarse a promover cambios en la legislación, para permitir el volcado a la red de la energía generada en una propiedad pequeña o para integrar como componente normal de las viviendas sociales a los calefones solares.

  4. PROPA y COMPA: Producción y comercialización popular de alimentos

    En el caso de los alimentos, del mismo modo que será en el área de indumentaria, se incursiona en un campo donde es evidente que la demanda es socialmente necesaria, pero a diferencia de áreas ya presentadas, existe hoy una oferta, que se instrumenta a través de los mecanismos conocidos de la economía de mercado. El proceso de concentración global se expresa aquí en toda su potencia. Desde la producción de semillas transgénicas y el paquete tecnológico compatible con ellas, hasta la industrialización de leche o de pollos y la comercialización masiva de los alimentos, hay varios eslabones de la cadena que son oligopólicos o monopólicos, quedando así entrampados en el sistema otros eslabones de producción que resultan subordinados a aquellos, además de los consumidores. Hay asimismo un extendido conjunto de productores de alimentos, en todo el país, que lisa y llanamente están todo el tiempo en situación de salir del escenario, por la falta de acceso a las góndolas de exhibición en organizaciones con control creciente sobre la comercialización final. Aquí hay dos tareas en las que el IPP puede sumar su aporte:

    • Construir canales para que los productores actuales o potenciales reciban asistencia técnica dura o de organización, que les permitan ser más convocantes para los consumidores, por su calidad o por su precio.
    • Proponer los cambios de normativa y/o de usos y costumbres que eliminen las barreras de entrada existentes.

    Una vez más, es necesario pensar en términos menos asistenciales y más estructurales. Las ferias de productores, con débil apoyo oficial o apenas su tolerancia; los intentos de distribución domiciliaria de parte de la canasta alimenticia; la venta para transeúntes o turistas; intentan ser paliativos que resultan bienvenidos a falta de otros caminos, pero totalmente insuficientes. Acompañando esas iniciativas, hasta ojalá superarlas, hay que diseñar e implementar los caminos para institucionalizar el derecho de los productores pequeños, familiares o cooperativos a atender la demanda popular de alimentos de forma permanente y en proporción creciente. Para ello, además del plano tecnológico arriba mencionado, se necesitan dos miradas concurrentes:

    • Desarmar la legislación construida durante años, que impide a un pequeño productor de alimentos habilitado en un municipio vender en el municipio vecino o que lo obliga a hacer tortuosos y costosos trámites para cambiar la fruta con que hace una mermelada.
    • Utilizar la capacidad de concentrar los consumidores, que disponen las grandes corporaciones, para contar en esos mismos predios con locales de venta para la agricultura y agroindustria familiar, consolidando su presencia a través de una legislación específica.

    En los dos casos se trata de discusiones legales o administrativas detrás de las cuales hay diferencias ideológicas importantes sobre los derechos de los ciudadanos como productores o como consumidores, que deben emerger a la superficie, si es que queremos construir escenarios estables de mayor justicia social. El IPP, para mayor especificidad de sus resultados, configurará cinco subáreas en este caso:

    • Cereales y panificados
    • Cerdos/ Ovejas / Cabras
    • Pollos / Huevos
    • Lácteos
    • Frutas y hortalizas
  5. PROPIC: Producción popular de indumentaria y calzado

    En esta área se repite la existencia de altas barreras de entrada al mercado para los pequeños productores, pero con otras características. Los talleres de producción de indumentaria o de calzado, sean familiares o con pocos trabajadores, a diferencia de sus equivalentes en la alimentación, pueden trabajar. Sin embargo, el lugar que se les ha asignado en la cadena de valor es de proveedores para grandes marcas, sin acceso a los consumidores. Para peor, como la capacitación de los trabajadores es relativamente más simple que en otras actividades, las marcas favorecen salvajes competencias por costo, que terminan en la evasión fiscal y en la explotación laboral de máxima dureza. A la sombra de esa expresión cruda de la lógica capitalista han crecido variantes donde el trabajo familiar a destajo y sin encuadramiento impositivo, aparece como opción, pero dolorosamente lo que se consigue por esa vía es reproducir condiciones indignas en formas diversas. EL IPP ha de perfeccionar propuestas para que se puedan construir redes de pequeños productores cooperativos o familiares con acceso concreto y permanente a los consumidores finales. Dada la enorme distorsión de precios hoy vigente, esto debe resultar en claros beneficios para los trabajadores, para los consumidores y para el Estado, por la percepción regular de impuestos en un sector con altísima evasión. Será necesario contar con interés estatal en la aplicación de los nuevos instrumentos que se diseñen, porque en cualquier caso – una vez más – se prevé que se necesiten nuevas normas, de variada jerarquía administrativa. En esencia, el concepto a traducir en hechos prácticos es siempre el mismo, en cualquier sector donde funcione el mercado: El derecho a trabajar para satisfacer demandas socialmente necesarias sin intermediaciones que se apropien del valor generado. Aquí también el IPP trabajará dividiendo el área en subáreas, para buscar propuestas con una base común pero que sean lo más específicas posibles:

    • Niños y adolescentes.
    • Mujer
    • Hombre
    • Ropa de trabajo e institucional.

     

La lógica de acción para estos cinco espacios, puede en el futuro ampliarse a otras facetas que normalmente no se ven como producción, tales como la demanda socialmente necesaria de educación o de salud o de recreación.