El Trabajo

PAGAMENTO DE LADRILLO DE CALAVERA

El trabajo de los seres humanos es la forma de generar los bienes que creemos necesarios para nuestra subsistencia y confort, en cada momento de la muy larga evolución cultural de la humanidad.

Durante los últimos tres siglos se ha acelerado y profundizado el proceso por el cual la separación entre el hecho de producir y el consumo es categórica. Se produce para el mercado; los dueños del capital aportan los recursos materiales necesarios para esa producción; son por tanto dueños de los bienes producidos y en el camino pagan al trabajo como una mercancía más.

Tanto se ha naturalizado esos escenarios que quienes no tienen trabajo y quieren tenerlo, reclaman a los gobiernos e indirectamente a los capitalistas, que les generen tales ámbitos.

No es nada habitual – es inexistente – escuchar un reclamo de una barriada humilde, que pide a un gobierno le provea de recursos para construir entre todos los vecinos las veredas, los sistemas de distribución de agua o gas, asfaltar las calles y luego forestar. Incluso podrían pedir que se pudiera instalar celdas fotovoltaicas en cada techo, con la posibilidad de volcar a la red común posibles excedentes sobre el consumo propio y cobrar por ello.

Ni que decir de hacerse cargo del mantenimiento de las escuelas o salas de atención primaria de la salud.

Yendo hacia la pampa húmeda, es habitual encontrar ciudades donde hay decenas de tambos y ningún grupo reclama al Estado que se habilite una planta pasteurizadora pequeña, que pueda ser administrada comunitariamente y abastecer el consumo local. Parece natural que grandes corporaciones se lleven esa leche a centenares de kilómetros y la devuelvan al pueblo transitando iguales distancias, después de un proceso de tratamiento simple, pero convirtiendo al consumo en un negocio, donde hasta los que producen la leche pagan los viajes para un lado y otro, la propaganda, los márgenes comerciales, sin racionalidad alguna.

Lo mismo podría plantearse de todos y cada uno de los componentes de una canasta alimenticia.

¿Por qué los ciudadanos tendrían derecho a reclamar hacerse cargo de la infraestructura urbana o de la provisión y distribución de alimentos de su lugar?

Por una razón muy simple: Porque el derecho a la vida es un concepto cuya esencia debe reformularse, para superar el debate sobre el aborto y extenderse desde la cuna a la tumba. Cada compatriota debe tener derecho a organizarse para producir y distribuir los bienes que caracterizan una condición básica de vida digna, sin que ningún otro habitante pueda bloquear ese derecho detrás del lucro.

Si las organizaciones sociales y políticas lograran sumar al reclamo de medios de subsistencia en la dramática coyuntura actual, el reclamo por el derecho a no ser una mercancía desechable, a contar con los medios para trabajar construyendo su infraestructura; produciendo sus alimentos o su indumentaria; no solo estaríamos avanzando hacia una real democracia económica, sino que florecería el trabajo, que hoy esperamos inútilmente que salga de los cajones de aquellos que solo quieren hacer dinero con el dinero, las sanguijuelas del mundo contemporáneo.

Enrique Mario Martínez

8.8.17

Comentarios

  • Sebastián

    ¿Podría bajar más los conceptos en casos prácticos?

    gracias!


    • Prensa

      Gracias, Sebastián, lo invitamos a buscar en esta misma página el libro en PDF Vamos a Andar, que tiene una extensa lista de ejemplos, o a recorrer la página web http://www.laredpopular.org.ar que también recopila experiencias nacionales y de todo el mundo sobre democracia económica y prducción popular.


  • carlos

    La referencia práctica a los “movimientos sociales” es que no tienen otra práctica que la agrupación política coyuntural y punteril. Por más que agiten banderas en las calles, cuando sus dirigentes se sientan a buscar soluciones, solo la encuentran en medidas que favorecen el clientelismo, la nómina de planes y algún convenio que deje monedas para la coyuntura política. Así nos pasamos muchos años con cooperativas de trabajo que hicieron obra pública y ahora son un sello, vacías, sin capital de trabajo, sin organización laboral hacia afuera que no sea el Estado, es decir se creó un híbrido, que no busca trabajo sino convenios y planes, tampoco herramientas ni capital porque busca la nómina que cobre por tarjeta, hasta allí llega esa mentalidad que no es de los trabajadores, es del lumpen excluído que gusta mamar del Estado.



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