Achicar el INTI es agrandar la dependencia

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El factor común entre los países que han logrado desarrollarse es el de haber proyectado políticas industriales que desarrollan el conocimiento científico y técnico para superar la dependencia tecnológica, que es el nudo central del freno a las economías emergentes.  Hay ejemplos de sociedades liberales, conservadoras, socialdemócratas, populistas y comunistas que han logrado transformar sus economías a partir de la búsqueda de una industria de manufactura tecnológica que agregue valor a sus exportaciones.

No hay ningún ejemplo, en cambio, de países que se hayan desarrollado a partir de convertirse en “el Supermercado del Mundo”. A lo sumo, algunos logran ciertas ventajas comparativas en determinados períodos, pero terminan en crisis ocasionadas por esa dependencia tecnológica que les impone una restricción de divisas cíclica.

El despido de 250 trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) por parte del gobierno de Mauricio Macri reafirma la clara decisión de abandonar toda lógica de crecimiento y desarrollo independiente. Con un CONICET debilitado, el ArSat desguazado, Fabricaciones Militares prácticamente desaparecidas, el INTA desfinanciado  y ahora un INTI achicado; el retroceso es enorme.

Solo para dar una pequeña muestra de la incongruencia del plan oficial, vale destacar que en mayo de 2017, el presidente Macri fue a China a pedir inversiones y calificó a ese país como “un ejemplo”. Pues bien, en 1980 China, que por entonces era un exportador de materias primas y tenía una tecnología muy limitada, había creado  4.690 institutos de investigación a nivel nacional y otros 3.000 institutos a nivel condados (equivalentes a municipios). En esos centros trabajaban 323 mil científicos.

Esas miles de instituciones como el INTI fueron un factor central de la expansión económica de ese país, que es hoy líder mundial de manufacturas de alta tecnología. A ninguno de los sucesivos presidentes chinos se le ocurrió plantear que aumentar el número de trabajadores dedicados al desarrollo tecnológico era un gasto innecesario. Y mucho menos sugerir que era mejor apostar al sector primario de la economía.

¿Para qué sirve el INTI?

Desde el punto de vista formal, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) es un organismo creado en 1957, cuya misión es el desarrollo, la certificación y la asistencia técnica de la tecnología industrial en la Argentina. Su objetivo prioritario es fortalecer el entramado productivo mediante la promoción de la innovación, el aumento de la competitividad y la optimización de los procesos industriales. Para eso actúa como generador y proveedor de servicios tecnológicos en la investigación y el desarrollo, la asistencia técnica, los ensayos, los análisis y las calibraciones, la certificación y la transferencia del conocimiento.

Pero más allá de este contexto teórico, el INTI es un instrumento ideal para impulsar desde el Estado políticas de desarrollo tecnológico que permitan independizar al país de la subordinación científica y técnica que imponen las multinacionales del Primer Mundo y para democratizar el acceso a la tecnología de los pequeños productores locales. Para llevar adelante proyectos de ese alcance, lejos de achicar su estructura se debería ampliar su campo de acción. Realizar una fuerte inversión que permita al INTI -y al resto de los organismos estatales dedicados a la ciencia y la técnica- ayudar en la superación de la barrera histórica que generan las crisis cíclicas en las que la Argentina cae a raíz de la trampa que supone el freno a la innovación y la capacidad productiva local.

¿Es posible ese camino independiente? Naturalmente lo primero que se requiere es la convicción y el impulso oficial al desarrollo soberano, algo que queda claro el actual gobierno nacional no tiene. Entre 2003 y 2011 se lograron plasmar algunas políticas que iban en esa dirección.  Hubo un programa de extensión tecnológica para brindar soluciones a la pobreza y la exclusión a través del trabajo productivo. Se amplió la presencia del INTI en todo el país con el objetivo de desarrollar un tejido productivo industrial en las regiones más postergadas y en los espacios con menor densidad de población, actuando como un catalizador del desarrollo local sustentable. Se impulsaron programas de innovación tecnológica con la idea de incorporar tecnología industrial en el desarrollo local.

Un proyecto amplio y de largo aliento, que quedó trunco y hoy se está revirtiendo con un regreso a un INTI sin visión estratégica, limitado a asistir a las grandes empresas y sin ningún interés en el desarrollo tecnológico argentino.

Es llamativa la falta de reacción de la dirigencia política opositora ante la continua avanzada del macrismo sobre instituciones fundamentales para recomponer el aparato productivo nacional. La defensa del INTI y del conjunto del espacio de ciencia y técnica es una excelente oportunidad para poner en claro si el proyecto de país con el que piensan diferenciarse plantea la soberanía nacional o es un mero maquillaje de la historia conocida.

 

Para más información sobre el trabajo del INTI en el período 2003-2011 pueden consultar el siguiente documento:

https://drive.google.com/file/d/157Vjl0_r5CgKpkPvjYgzWUcLNJ_cBVwW/view

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